Los seres humanos tenemos derecho a disfrutar de una vida saludable. Así está consignado en la Carta de Derechos de los países con una legislación de avanzada. En ningún lugar se establece la existencia del negocio de la salud. Esta es la teoría, la práctica es una realidad bastante distante de la misma.
En Puerto Rico siempre han co-existido dos alternativas separadas para atender los asuntos de la salud ciudadana. Para la clase pobre el Estado provee unos servicios generales que se pagan a través de las contribuciones. Los ricos y los sectores medios se sufragan sus gastos de salud directamente o contratando los servicios necesarios a través de un intermediario llamado plan médico.
Como los ricos no tienen problemas para mantenerse saludables, hablemos de la realidad que confrontamos las mayorías de nuestro País. Resulta que todos los otros mortales vivimos atrapados en las redes de unas organizaciones comerciales que sin escrúpulo alguno han hecho papilla de nuestro derecho a vivir saludablemente.
Los llamados planes médicos son monstruos voraces de nuestros menguados recursos. Cada año sus primas son más altas y sus condiciones para ofrecer el servicio más onerosas. Sí su patrono le aumenta la aportación al plan médico o su Unión logró un avance en esta área laboral usted puede tener la seguridad de que su plan médico se la engullirá completita y usted no obtendrá nada adicional por el aumento en su aportación. ¡Cuidado, lo más probable es que le aumenten los deducibles!
A este abusivo comportamiento hay que añadirle otra deleznable práctica de los eufemísticamente llamados planes de salud. Los más significativos avances de la medicina jamás estarán a su alcance y por lo general tampoco lo estarán los medicamentos de reciente desarrollo. Usted deberá conformarse con lamedol y donatal para que se alivie y unas plaquitas de rayos x para que su médico lo vea por dentro. De ahí en adelante que Dios nos acompañe. Todo lo anterior pagado a precio de oro antiguo si usted paga un plan médico o a costa de la humillación si usted es paciente de la mal llamada Reforma.
¿A quién puedo reclamarle mi derecho a la salud? Concretamente a nadie. Aquí el gobierno se ha rendido ante las aseguradoras y le ha entregado su voluntad a los intereses mercantiles de las mismas, las procuradurías son piezas del museo burocrático y la Ombudswoman mira para el mismo lado que el inexistente Comisionado de Seguros. Usted no tiene otra cosa que hacer que dejarse morir o intentar organizarse para enfrentar a las compañías que en nombre de la salud nos van quitando todos los días la vida. Por mi parte yo no me voy a dejar morir y usted, ¿se suma a los que queremos otra forma de recibir los servicios de salud?
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