La profesión médica es uno de los pilares de nuestra sociedad. A ellos les entregamos nuestras vidas y la de nuestros familiares. En Puerto Rico se han otorgado alrededor de 16,000 licencias para médicos de los cuales existen como 6,000 que están activos. Por lo tanto todo lo que implique la disciplina nos debe de interesar. El lunes, 12 de diciembre de 2011 visitamos a un médico en la zona metropolitana y nos llamó la atención su modus operandi porque lo consideramos atípico, raro, no usual: 1. El galeno no aceptaba planes médicos, 2. No aceptaba cheques, 3. No aceptaba tarjetas de créditos, 4. No aceptaba tarjetas de debito, 5. Exigía pago al contado, y 6. Facturaba muy por encima de colegas con la misma especialidad. ¿Por qué lo hace? ¿Cómo logra mantener una clientela?
Vamos a analizar este caso. La no aceptación de planes médicos se puede explicar, aunque no justificar, por el dolor de cabeza que implican los planes a los médicos. En consulta con otros doctores de la Ciudad Gris nos informaron que por lo regular los planes pagan el 80% de las facturas sometidas y detienen el otro 20% con la excusa de investigar o clarificar. Naturalmente mientras esto ocurre ese 20% lo retienen en sus bancos ganando intereses.
Lo que no podemos entender es el por qué no aceptan las tarjetas de crédito y débito. ¿La única explicación es que le estén escondiendo dinero al Departamento de Hacienda. El dinero “cash” es cosa del pasado. Ahora, debido a la criminalidad, se usa el plástico como las tarjetas y las transacciones electrónicas.
El médico referido nos estimó por un trabajo $1,070.00 cuando el mismo trabajo en Humacao fue facturado en $800.00. Pero pueden existir otras razones. Una de ellas es el crear una clientela elitista. No todo los puertorriqueños pueden pagar los altos costos de contado, “cash”. Precisamente los que nos acogemos a un plan médico perseguimos alguna economía ante el costo del mantenimiento de la salud. El operar en este centro comercial u hospital exclusivo implica el subir las tarifas. Alguien tiene que pagar el lujo, será el paciente. En nuestro caso ni lo uno ni lo otro. La Asociación de Maestros nos recomendó un especialista que sí acepta su plan. Cuando usted se confronta con una manada de lobos tiene que convertirse en un león furioso de manera que sobreviva el más apto.
Lo interesante del caso discutido es que el médico aparenta tener una buena clientela a pesar de lo expuesto. Dos razones para ello es que no tiene mucha competencia en su especialidad y porque de facto en Puerto Rico existe un sector de la población que prefiere exclusividad como cuestión de estatus.
Si todos los médicos del país asumieran una actitud similar se morirían de hambre y los pacientes nos llevarían el lado obscuro de la vida ya que el nuestro es un pueblo pobre y necesitado. La concurrencia desordenada a los centros comerciales no es real, es ficticia.
Insistimos que la salud es un área en la cual los pacientes tienen que evaluar la oferta y la demanda y sobretodo la actitud de los médicos. Lo importante es la confianza entre médico y paciente como en nuestro caso que nos decidimos con José Benítez en oftalmología, Rodríguez (Pancho) como internista, Sosa como urólogo y Tejada como hematólogo. En cada persona los nombres varían, pero la relación dual debe de ser igual. Ambos tienen derecho, de preferirlo así, a ser elitista, tanto el médico como el paciente. Nadie le puede prohibir su conducta.
En resumen, los ciudadanos tienen muchas alternativas decisionales en la vida. Nunca tome decisiones a ciegas, piense, evalúe y pase juicios racionalmente. La idea de un médico que requiere sólo dinero de contado no puede ser asimilada por nuestro sistema de personalidad, pero cada individuo tiene la libertad de hacer lo que estime correcto. Ese es su problema, el dinero es importante, pero no puede ser prioritario en nuestra existencia ya que hay cosas que el mismo no puede comprar y la salud es una de ellas. Una persona puede estar toda su vida amasando riquezas pero cuando Papa Dios lo llame las mismas no se las va a echar en la caja, otros que a lo mejor no se las merecen las disfrutan. El mejor ejemplo de lo negativo es el doctor Conrad Murray, médico privado de Michael Jackson, con salario de nada más y nada menos que $150,000 mensuales está preso y su paciente muerto provocado por dosis excesiva de propofol. ¿Valió la pena el dinero?