A veces creemos que lo hemos visto todo. Nos equivocamos. La situación política que está viviendo Puerto Rico es algo nuevo, diabólico y malsano. No hay nada positivo por lo que no se ve la luz al final del túnel. Hemos llegado al fondo del barril.
El Tribunal Supremo en Puerto Rico, al igual que todos los homólogos en el mundo, se tiene que visualizar como lo máximo, lo más respetable y lo más confiable. Representan la ley y la protectora de la Constitución, de los valores y estándares que sirven de norte al país. Por lo tanto, cuando aparece un personaje insignificante, pero siniestro, en este caso el ex aguacil Alejandro Oyola Pérez lanzando inuendos a diestra y siniestra nada más y nada menos que contra el presidente del Tribunal Supremo, el Honorable Federico Hernández Denton y sobre todo recibiendo audiencia de la Legislatura es indicativo que hemos llegado peligrosamente al punto de desvalorización. No existe ni moral, ni vergüenza y mucho menos credibilidad en nadie. Nuestras instituciones nos han fallado.
Aún peor, el mismo sujeto se atreve a referirse públicamente nada más y nada menos que a la licenciada Sonia Ivette Vélez, Directora de Administración de Tribunales, y amenazándola, sobre divulgación de la vida privada de ésta al sostener que tiene información que “puede dañar su matrimonio”. Por menos que eso en cualquier otro país del mundo este sujeto tenía que responder con su vida.
Cuando unos letrados son nombrados jueces al Tribunal Supremo, pero sorpresivamente se someten a los políticos de turno se están vendiendo como lechones de a peso. Estos se convierten en actores de componendas que ni siquiera fueron imaginados por Nicolás Maquiavelo en su obra El Príncipe, ni por Dante Alliguierei en su Divina Comedia. Tal realidad evidencia que todo el mundo tiene su precio. Estos pobres tontos útiles entraron a la universidad, pero la universidad no entró en ellos.
En todos los partidos existe gente buena y competente, pero también existen los fanáticos y turbas que en nada contribuyen. El problema de los partidos es cómo librarse de estos últimos que tanto daño hacen. Intentar desacreditar al Arzobispo, Monseñor Roberto González Nieves es apelar al estilo hitleriano de “está conmigo o está en contra mía”. Los que callan estas prácticas y patrañas otorgan. Los vela güiras que no denuncian estos actos son unos cobardes que serán juzgados por la historia.
¿Será posible que con esas estrategias se pueda controlar a un país? No lo creemos. Esta película la hemos visto antes. Hitler, el anticristo, le prometió a los alemanes un Tercer Reich que duraría mil años. Ellos se lo creyeron, pero en sólo doce años el muy estúpido se voló la tapa de los sesos cuando los rusos entraron a Berlín. Roma dominó a al mundo conocido por cinco siglos, pero sólo tardaron 70 años para liquidarla como imperio. Esa misma trayectoria siguieron otros como Grecia, Mongoles, Turcos, Macedonia, Mahometanos, Fascismo que se creyeron Dios y terminaron en las pailas del infierno dantesco. Aquellos que creen que tienen el poder vitalicio en Puerto Rico serán sorprendidos y juzgados por el devenir histórico. Tarde o temprano este pueblo tendrá que indignarse y decir “basta ya” tal y como está ocurriendo en el mundo especialmente en los países árabes. Lo anterior no es una reacción política sino componentes lógicos de una moral de vergüenza y de valores.
En resumen, el ex aguacil Alejandro Oyola Pérez, artífice de una investigación general al Supremo es sólo un instrumento, un pobre diablo, un tonto útil ya que obviamente carece de la capacidad de evaluar lo que dice. El esquema tuvo que haberse diseñado a otros niveles ¿Saldrán airosos? No lo creemos, aunque insistirán en poseer esa presidencia. Sin embargo, no subestimen al yankee, este no es tonto y mucho menos estúpido. En este país no ocurre nada que en Washington no se conozca. Cuando estimen que sus intereses son afectados entonces ellos, a su manera, van a intervenir. Ellos saben cómo cortar cabezas, como lo hicieron con el caso de Aníbal Acevedo Vilá. Su propósito nunca fue meterlo preso sino descarrilarlo políticamente, y lo lograron. Aquellos, como entonaba el Trío Los Diamantes, “que en el cielo se creyeron un día cayeron en la humillación”. Ustedes fanáticos, retrátense en las otroras figuras poderosas como Jorge De Castro Font, Edison Misla Aldarondo o Hilton Cordero. Al presente dan lástima. Si pierden el poder ustedes también sufrirán la misma suerte.