Los medios de comunicación del país han reseñado la labor de excelencia que desarrolló Pedro Arroyo en la radio para colocar el género musical de la salsa en una posición cimera, su capacidad como programador de tres de las emisoras de mayor audiencia en el país y su genio como creador del Día Nacional de la Salsa. Sus amigos salseros lamentan su temprana partida y le reciprocan todo el cariño y el respeto que Droan, como todos le conocimos, les dispensó en su trato con ellos.
He tratado de leer todo lo que de Droan se ha escrito en estos días. Es una suerte de consuelo para una pérdida que para mi siempre será irreparable. La muerte me ha arrebatado una amistad de cuatro décadas. Una amistad que se forjó al calor de las luchas políticas allá por los años setenta, cuando nos comprometimos ambos a llevar arriba a los de abajo. Compromiso que Droan mantuvo hasta su último aliento haciendo siempre en silencio lo que correspondiera para sostenerlo.
He escuchado a algunos diciendo todo lo que hizo con la clase artística, sin ser artista. Bueno, Droan no era cantante o dominaba un instrumento musical, pero si fue un artista gráfico de excelencia y podía hacer con la madera lo que deseara.
Es interesante saber que Droan nunca programó la música de oído. Su conocimiento de la música tenía el fundamento de haber sido educado en este arte por uno de los genios musicales más olvidados por nuestro pueblo, el virtuoso pianista Luisito Benjamín, a quien el Gordo siempre amó como un padre.
Droan se conocía la letra de miles de canciones, de todos los géneros, así como la música que las acompañaba. Muchas veces nos sorprendía haciéndonos notar quién tocaba determinado instrumento, hecho que era totalmente imperceptible para nuestros legos oídos. En el caso particular de la salsa las lecciones que nos daba no tienen fin. Como conocía personalmente a la mayoría de los intérpretes, de cada corte musical la historia duraba más que la canción.
Siempre me impresionó las excelentes relaciones que sostuvo con sus amigos artistas. En un mundo donde la hipersensibilidad es la orden del día, su tacto de elefantito en tienda de porcelana, siempre logró que las relaciones maduraran de forma positiva. Tuve el privilegio de compartir con él sus notas personales sobre los artistas que conoció. Sin dejar de mantener su juicio crítico, nunca leí una línea que fuera en sentido alguno negativa.
Consideraba su trabajo como un privilegio que le había conferido el Creador. Con rigor, disciplina y sentido de la bueno desarrollaba el mismo guardando el mayor hermetismo profesional. Todo el mundo sabía que lo hacía bien, pero como el alivio de la píldora de bicarbonato, nadie supo jamás como lo hizo.
Pedro Arroyo hizo de la salsa un credo que reafirma la fe de la gente de la calle, los de abajo, en los valores más sentidos que nos definen como pueblo. El Día Nacional de la Salsa no es un concierto de música afroantillana, es un día de reafirmación de la esencia del ser puertorriqueño y a partir del próximo año será también el Día de Pedro Arroyo, porque la dedicación de toda una vida los ha unido en el corazón de nuestra gente.
Descanse en paz querido compadre. Ya nos encontraremos en el otro lado de la orilla para terminar todos los proyectos que se nos quedaron por hacer. Conociéndolo tengo la certeza de que, como siempre, cuando yo llegue ya usted tendrá toda la programación adelantada.