No comprendo las razones que pueda tener un ciudadano para no acudir a una citación ante la Comisión Estatal de Elecciones a declarar sobre las peticiones de inscripción que están impugnadas ante ese organismo por haber sido endosadas por un muerto. Yo acudiría sin mayores preocupaciones.
¿Se imaginan ustedes lo que es enfrentarse a los representantes de los rojos, los azules, amarillos o verdes para que le hagan preguntas sobre una petición de inscripción que aparece juramentada por uno y donde resulta que el suscribiente es una persona ya fallecida para la fecha en que supuestamente se preparó el documento?
El ambiente que rodea todo lo relacionado con la Comisión Estatal de Elecciones levanta en estos días tanta suspicacia que uno puede entender, en cierta medida, las aprehensiones que pueda tener cualquier ciudadano. Pero como ahora se ha puesto de moda que a lo hecho pecho, no habría más remedio que acudir.
Allí, en la Comisión Estatal de Elecciones, no se ha dicho nada de lo que sucedió en Culebra y la invasión de votantes foráneos. El informe sobre los que votaron en las primarias de Guaynabo continua, como dice la chica de los informes de tránsito, dando vueltas y vueltas y vueltas. El silencio sobre otros pueblos donde se dice que se vaciaron las listas es apabullante. Ante este escenario, donde nada parece ocurrir, nos resulta absurdo que un ciudadano se niegue a comparecer ante tan conspicuo organismo.
Como soy de los que creo que a las próximas elecciones deben concurrir todos los partidos que así lo interesen le ofrezco, sin esperar nada a cambio, lo que considero podría ser una defensa atemperada a los tiempos para esgrimirla en caso de que al acudir a la Comisión Estatal de Elecciones pregunten por un muerto peticionario.
Está establecido el precedente de que aquí los muertos votan en los procesos electorales, según se desprende de los hechos reseñados de las pasadas primarias. ¿Por qué entonces se les va a prohibir que inscriban a los partidos por los cuales ellos van a votar después?
Como se que la línea de interrogatorio tratará de llevarnos al punto sobre cómo logramos la firma del muerto tengo dos posibles respuestas. En la primera podría limitarme a decir que la firma la obtuve de la misma manera que se obtienen las equis bajo el nombre o la insignia en los eventos electorales.
Sin embargo, como no quiero que piensen que nos valemos de la ironía para establecer nuestras defensas revelaré un hecho desconocido por todos y que es lo que ha hecho posible obtener el endoso de este buen puertorriqueño que ahora reside en la eternidad. Tengo facultades.
Valiéndome de las mismas establecí contacto con el boricua en el más allá y así realizamos la importantísima transacción electoral. Puedo decir, para evitar cualquier duda al respecto, que pusimos nuestra mano sobre el papel y sólo nos dejamos guiar mientras se materializaba la rúbrica. A quienes les parezca que esta defensa es demasiado fantasiosa o increíble solo puedo decirles que en la Comisión Estatal de Elecciones se han escuchado declaraciones muy similares a éstas y como ya hemos señalado nada ha pasado.
Allí un prominente alcalde dijo no saber nada de las oportunas mudanzas de sus empleados. Dos respetables legisladores han señalado que ellos no indujeron a nadie a votar por determinado candidato y un aspirante a legislador ha dicho que él no, que fue el otro. Ante este cuadro no tenemos la más mínima duda de que cualquiera de las defensas que proponemos nos permitirá salir por la puerta ancha. En términos de credibilidad andan muy parejas las cosas y como no soy político, creo que tengo alguna ventaja.