Los requerimientos que hacen las agencias evaluadoras de crédito a Puerto Rico nunca podrán ser satisfechos. Para dejar complacidos a los representantes del gran capital financiero, Standard & Poor’s, Moody’s, et al, tendríamos que sacarle dos pintas de sangre a cada Boricua, y reservar todo lo que se recoja de contribuciones en el país para pagarle a los bonistas y no creo que aún así nos dejen tranquilos.
En su afán de garantizar el repago a todos los tenedores de los bonos emitidos por las instrumentalidades de gobierno a lo largo de los pasados años estos señores no vacilaran en ordenar que el gobierno reduzca su plantilla de empleados a 100 por cada agencia, se descontinúen los servicios esenciales de educación, salud y seguridad pública y más temprano que tarde nos estarán pidiendo que no se gaste un centavo más en proyectos de infraestructura.
También nos pedirán, a los pocos que aún trabajamos en el país, que nos sintamos felices con salarios por debajo del mínimo, sin vacaciones, licencias ni leyes protectoras del trabajo, todo para ‘mejorar’ nuestra competitividad y satisfacer la deuda pública.
Si el gobierno se incapacita para prestar los servicios que del mismo se esperan y los ciudadanos se empobrecen hasta tener que vivir en la absoluta miseria no es asunto de su competencia. Para estos barones del capital lo único relevante es que le paguen lo adeudado, incluidos los intereses acordados.
Si a usted le parece que estoy exagerando tómese la molestia de leer los artículos que aparecen casi todos los días en la sección de negocios de los rotativos del país donde, a través de sus fotutos locales, nos llega su mensaje de que es hora de que adoptemos su mentada “disciplina financiera”. Como si no fuera ya suficiente la crisis que nos ha venido estrangulando por los pasados doce años.
Son tan osados y prepotentes estos señores, a los cuales se ha sumado el Banco de la Reserva Federal, que también pretenden timonear el proceso eleccionario, violentando descaradamente el más elemental proceso democrático, al insinuar que el partido que resulte ganador tiene que adoptar sus recomendaciones y hacerlas formar parte de su programa de gobierno. Si esto no es el ejercicio de una dictadura, dígame usted cómo podremos llamarla. Lo que no deja de espantarme es que haya políticos en el país dispuestos a asumir, con la mayor sumisión, estas arbitrarias directrices.
El Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el Banco de la Reserva Federal y sus hijos putativos Standard &Poor’s, Moody’s, et al, tienen que empezar a entender una verdad muy sencilla. Bajo el presente sistema financiero, donde a nivel personal y gubernamental se nos estimula a consumir más allá de nuestra capacidad real, llega un momento en que simplemente no podemos pagar bajo los términos acordados.
Las alternativas para los que compraron los bonos son dos. Llegan a un nuevo acuerdo para recibir sus pagos un poco más tarde, digamos que no abonamos nada por los próximos 20 años, o simplemente los reconocen como pérdidas. Tratar de imponer sus medidas de convertir a los trabajadores del país en nuevos esclavos y al gobierno en una estructura burocrática que no atiende las necesidades de sus constituyentes no puede ser la solución a este grave problema.
Por mi parte, no votaré por ningún partido o candidato que esté dispuesto a vender el país como lechón de a peso. ¿Y usted, está dispuesto a someterse al chantaje de estos señores?